ALERTA
3-02-2012 9:48 am
Hace 20 años las autoridades federales a través de la Secretaría de Salud iniciaron un programa llamado de “control natal”, que era la consecución de otro similar, pero timorato, blandito, muy light dirían los oyentes de hoy en día, y claro, no podía ser de otra manera, porque el conservadurismo social estaba alerta para no permitir agredir la moral ancestral encabezada, principalmente, por la iglesia católica, quienes se les fueron a la yugular del epicentro del programa publicitario orientador a una sexualidad responsable dentro del matrimonio.
Aconsejando el uso, principalmente de la legendaria “píldora” del control natal, que tan polémica fue en aquellos años, que hasta comedia cinematográfica se hizo con su nombre: “la píldora”.
Para los conservadores la moral cristiana y de buenas costumbres, se fueron adelgazando y pudo más el empuje publicitario para bajar el número de hijos por familia, aunado a esto el alto incremento en el costo de la vida, así como el deseo más amplio de los padres de dar a sus hijos, de ser posible una preparación universitaria, como ya lo venía exigiendo el entorno laboral mundial.
En cascada se vino la fenomenología social, realizando importantes cambios en la mentalidad universal de las nuevas generaciones de jóvenes que empezaron a poblar el mundo con un nuevo concepto de la sexualidad.
La rebelión feminista, que entendiendo mal, o así queriéndolo manejar para sus conveniencias e impulsos sexuales, muchas veces tempranos, por la propaganda de la liberación femenina, hoy son sus comportamientos sexuales, una alerta de alarma de salud para las autoridades correspondientes, cuando las estadísticas nos marcan en nuestra ciudad de que de cada 10 partos que el año pasado, se atendieron en el hospital de la mujer, cuatro son de adolecentes menores de 19 años de edad; edad no adecuada para la reproducción.
Estar parturientas, sin madurez, sin capacidad, ni económica, ni de responsabilidad, aparte de afectar su propia salud, poniendo inclusive en riesgo su propia vida, conllevan el riesgo al producto, que puede nacer con graves deficiencias físicas y mentales.
Quizá los conservadores no exageraban, pero no supieron plasmar lo que avizoraban no tan sólo en lo moral, sino en la grave problemática social que hoy se está viviendo.
Para el desenfreno sexual no bastan los preservativos ni las pastillas, ni los consejos abortivos que tan extendidamente se escucha entre las adolecentes estudiantes, cuyos maestros no están preparados para una orientación convincente, sino de abstinencia, porque hoy la virginidad es un estorbo, sí de cuidar su futuro como ciudadanas.
El número de madres solteras ya no es novedad en nuestra ciudad y conocemos los efectos de este fenómeno en el desenvolvimiento de nuestra sociedad.
¿Y qué de los padres?...estos, papás y mamás, saben aún más distorcionamente lo referente al sexo que sus despistados hijos e hijas al respecto.
Por eso estamos como estamos.
MANUEL GOMEZ MARTINEZ
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