Que el mundo ruede...
18-06-2010
12:37 pm
Los mexicanos y mexicanas estamos tan ansiosos de buenas noticias, que en ocasión de celebrar la llamada histórica victoria de nuestra selección sobre la representación francesa, las voces y los gritos resurgieron de lo más profundo de cada uno de los habitantes de una tierra que vive el peor estado de indefensión e ingobernabilidad de su historia moderna.
Es cierto, quizá los que señalan con el seño fruncido la volatilidad de nuestra conciencia nacional, pudieran tener en sus argumentaciones mucho de razón, cuestionando la enajenación de nuestro pueblo en torno a un frívolo espectáculo mediático que nos priva de señalar y de atender los graves problemas que aturden los sentidos de nuestra enseña patria.
Y sin embargo, pese a consentir su alegatos y compartir parcialmente sus conclusiones, la mayoría de mexicanos, tuvo en esas dos horas que duró el partido, un espacio de sosiego, una tregua, un respiro que nos permitió revelar nuestra sed de triunfo, nuestra urgente necesidad de sentirnos parte de algo, de unirnos en tornos a un símbolo, patriotero si se busca un adjetivo, pero altamente cargado de adrenalina y pasión, con un torrente de energía que no logra proyectar ninguna otra actividad lúdica, política o social en nuestra amada tierra.
Porque después de todo, antes de condenar nuestra debilidad por el culto pagano del futbol, los intelectuales de cabecera, los filósofos de bolsillo, los que todo lo saben, los que todo entienden, deberían compartir vívidamente la emoción de ver a millones de seres que prefieren gritar emocionados, como una expresión alterna, como una manera de reprochar a los que no han sabido hacer su chamba y conducir los destinos de un país que se está despedazando entre las manos de una plutocracia ostentosa y miserable.
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