Músculo...
10-01-2012 8:40 am
Por Alfredo Hernández (Pillo)
La visita del precandidato del Partido Revolucionario Institucional Enrique Peña Nieto, el domingo 8 de enero a nuestro estado, ha puesto de manifiesto la capacidad y control del aparato movilizador del tricolor en las dos más importantes ciudades del estado: Chihuahua capital y la fronteriza Ciudad Juárez. Miles de asistentes se dieron cita para dar la bienvenida a quien los priístas consideran, al igual que muchos mexicanos, el más fuerte aspirante a la primera silla del país.
En una tarde-noche lluviosa y con temperaturas congelantes, se reunieron en el Gimnasio de Bachilleres grandes contingentes (la mayoría de condición humilde) que de manera estoica permanecieron al pie del cañón soportando, por más de una hora, la llegada del hijo pródigo, mientras afuera, otros tantos tuvieron que permanecer bajo el rigor del clima invernal, con una pertinaz lluvia que terminó por remojar las ilusiones de muchos y muchas que acarreados o no, tenía la intención de ver aunque fuera de muy lejos, más que al precandidato, al marido de la famosa “Gaviota”.
Durante el día, los hilos y las hebras de los gurús cafetaleros permanecieron inútilmente atentos a rumores, señales y cualquier destello que pudiera iluminar los oscuros y escabrosos caminos de la suspicacia y la rumorología, ante la posibilidad latente que durante el domingo se dieran a conocer los nombres de los o las elegidas para encabezar la lista de candidatos a los distintos puestos de elección a disputarse el 4 de julio.
La fiesta llegó al clímax cuando la presentadora dio la bienvenida a la comitiva en la que destacaba el gobernador César Duarte, y el líder del “partidazo” a nivel nacional, Pedro Joaquín Codwdell en el presidium.
Varios personajes de la política estatal encabezaron entusiastamente el “aplausómetro” como si con ello pudieran fortalecer sus aspiraciones y posicionamiento ante la plana mayor del exgobernador del estado de México.
Luego los mensajes, las ilusiones y promesas, y un final casi abrupto ante la saturación de la agenda de Peña Nieto, quien debía estar en la Ciudad de México esa misma noche.
Al final, gradas vacías, charlas escuetas, corretizas, empujones y esfuerzos por acercarse a la figura divinizada del casi ungido. Mientras, las gradas fueron quedando vacías muy rápidamente, en pocos minutos la calma y el silencio se apoderaron del sitio donde los priístas se reunieron para elevar plegarias y encender sus veladoras esperando el triunfo del nuevo “tlatoani”, que aspira a regresar los colores verde, blanco y rojo a la residencia oficial de los Pinos.
Eso, como dice la canción de José Alfredo Jiménez... “si lo dejan”.
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